© Perú21
13/09/2017 23:18 | Fuente: Perú21 | Categoría: Miscelaneas | Visto: 2

Solemos, al pensar en política, pensar en cosas generales como el bien del país, de la ciudadanía, en los partidos políticos o poderes del Estado, entre otras cosas. La verdad es que, al final, se trata de las estrategias de los líderes para llegar al poder, y, de los que ya llegaron, para permanecer en él.

Por más que hablemos del oficialismo y el fujimorismo, por citar dos ejemplos, al final importa lo que piensan y deciden el presidente Kuczynski y Keiko Fujimori, actuando en lo que –por supuesto– consideran que les conviene. Por cierto, esto es válido para cualquier político que o bien lidere un partido o movimiento, o espere hacerlo. Ni Pedro Pablo Kuczynski ni Keiko Fujimori son por ello más o menos patriotas; solo siguen la lógica del sistema, de las reglas de juego y de los incentivos. El que está afuera del poder quiere obtenerlo, y el que lo tiene quiere mantenerlo.

Tomando esta regla general como premisa, no debería llamarnos la atención la escalada de apuestas en las últimas 36 horas. Primero, el anuncio de censura por parte de la bancada fujimorista. Podemos conjeturar mil cosas (si era necesario o adecuado, si beneficia a terceros, y así), pero lo cierto es que ya anunciaron la misma. Ante ello, el oficialismo ha creído necesario plantear la cuestión de confianza y, tenga o no tenga sentido, lo que queda es esperar la siguiente movida del fujimorismo.

Los escenarios están, todavía, abiertos: el fujimorismo puede aceptar votar la cuestión de confianza, puede intentar bypasearla, u otra figura. Pero de aceptar la cuestión de confianza, están “casi obligados” a ir adelante; léase, a negar la misma. Ante ello, el presidente está “casi obligado” a presentar un gabinete inaceptable para el fujimorismo, en la lógica de buscar el cierre del mismo. Y de ser así, el fujimorismo está “casi obligado” a rechazarlo, con lo cual… bueno, podemos imaginar el resto.

De esto, que para muchos es un escenario tétrico, se trata la lucha por el poder. Trágico, pero cierto. ¿Y el país?...

Comentarios