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11/10/2017 06:00 | Fuente: Gestión | Categoría: Economia | Visto: 3

El sector educación en nuestro país nos hace prestar más atención a un aspecto crucial de este: la experiencia de incorporación de tecnologías ha mostrado poco efecto en la calidad de la educación.

La aparición de las TICS ha supuesto un cambio rotundo en la sociedad. Con ella ha evolucionado la necesidad de un mejor manejo de estas herramientas y la necesidad de estar preparados para ejercerlas en la vida profesional y laboral.

Pero, ¿qué tan preparados estamos para implementar estas nuevas herramientas en nuestro día a día? A partir de esta pregunta es que nace la necesidad de que las TICS sean incorporadas en el sector educativo, ya que la utilización de estas tecnologías a partir del aula pasará erigirse como una necesidad y como una herramienta de trabajo básica a futuro.

Sin embargo, el contexto actual del sector educación en nuestro país nos hace prestar más atención a un aspecto crucial de este: la experiencia de incorporación de tecnologías ha mostrado poco efecto en la calidad de la educación.

Parte de ello se explica porque la lógica de incorporación ha sido la de la “importación”, introduciendo en las escuelas dispositivos, cables y programas computacionales, sin claridad previa acerca de cuáles son los objetivos pedagógicos que se persiguen, qué estrategias son las apropiadas para alcanzarlos y, sólo entonces, con qué tecnologías podremos apoyar su logro.

De acuerdo a Carlos Monge, Director Ejecutivo de T-Box Perú, “las condiciones para el aprendizaje de tecnologías de la información en los colegios aún no son las adecuadas, pocos centros educativos han incorporado estándares, certificaciones internacionales o adaptado nuevas tendencias, por eso el desarrollo de la tecnología educativa en el Perú dista mucho de los países desarrollados y líderes en el rubro como Singapur o Finlandia”.

El resultado es que las tecnologías terminan ocupando un lugar marginal en las prácticas y siguen siendo las mismas que había antes de la inversión. La falta de evidencia sobre el efecto de las tecnologías se relaciona también con las limitaciones que tienen los propios sistemas de medición de la calidad.

Otro de los impactos del uso de estas herramientas está en los contenidos curriculares, ya que permiten presentar la información de una manera muy distinta a como lo hacían los tradicionales libros y vídeos (sustituye a antiguos recursos), y aquellas personas encargadas de usar esas herramientas para la enseñanza no están lo suficientemente preparadas o capacitadas para trabajar con los alumnos.

“Los docentes responsables de dictar estas materias, además de no contar con una estructura curricular y herramientas óptimas, poseen un perfil por mejorar, ya que son tecnólogos con deficiencias pedagógicas o son pedagogos con deficiencias en el uso de tecnologías. Sin embargo, esto no debe desanimarnos, pues hemos encontrado la manera de revertir esta situación en una amplia mayoría de colegios”, indica Monge.

Carlos Monge afirma que durante estos primeros meses de T-Box en nuestro país han recibido una respuesta muy positiva del mercado. Asimismo, indica que las soluciones prestadas por r T-Box incluyen capacitaciones, herramientas, materiales y asesorías integrales a los docentes, de modo que les permita alcanzar sin ningún inconveniente los objetivos de la materia, así tenga cualquiera de los perfiles antes mencionados.

En cuanto a sus proyecciones para el 2018, T-Box Perú espera tener una participación del 10% de colegios de Lima que cuentan con las condiciones para la implementación de sus programas, y para el 2019, planea empezar a tener presencia en otras regiones del país.

“Si bien Lima representa un mercado importante, existen otras zonas del país con las mismas necesidades de innovación y mejoras de sus servicios, lo que coincide con la visión inclusiva de la educación que tenemos en T-Box en toda Latinoamérica”, señala Carlos Monge.

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