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14/01/2018 07:43 | Fuente: El Comercio | Categoría: Miscelaneas | Visto: 2





Sostiene Judith Joy Ross, a propósito de los Easton Portraits de 1988, que la fotografía es, ante todo, una disciplina analítica. Esto significa que, dentro del marco de composición de la imagen, el fotógrafo reordena el caos de la vida real. Así construye una ilusoria ventana propia que, antes que realidad, es entidad paralela a esta última. En ese sentido y con todo respeto, cada vez que aprieta el dedo es Dios.

La imagen que hoy nos ocupa puede provisionalmente titularse “Molinera 2018”. Es un registro en apariencia normal de un grupo familiar, pero que sometido a un auscultamiento analítico arroja interesantes hipótesis de lo que el autor de la misma plantea. Apuremos una primera lectura:

a) La diestra: confortando el hombro del padre enfermo, el hijo asume la posta en lo que a cargar con los pasivos de su causa supone. Dice: “Atlas, he aquí tu relevo”. Es un agarre sólido, seguro, indubitable. En rigor denota que esta es la foto de solo dos personas con componentes añadidos.

b) El compromiso: tocamiento incierto y cumplidor que sugiere necesidad de pertenencia posiblemente culposa, una suerte de ampay, me salvo. Es posamiento antes que entronque.

c) El nerviosismo: buscando fortaleza en sí mismas, las falanges se refugian entre ellas ante la incertidumbre de la naturaleza de la reunión. El famoso “¿qué hago yo aquí?”.

d) La incógnita: la ausencia de registro acerca de la posición de esas manos expresa la elección de un perfil bajo, inescrutable. Una off shore emocional.

e) La señal: banda fosforescente reactiva a la luz, que ayuda a poner en relieve una presencia que apunta a lo referencial. El faro es la esperanza de los extraviados.

f) Gravedad: son los dos únicos personajes de la foto que no sonríen ni ceden a la fotogenia. Es más, el gesto hierático del personaje central transpira un mensaje entre líneas. Al estilo “esto no es lo que ustedes creen. Ya verán”.

g) Lo alucinógeno: la presencia cenital de la Brugmansia arborea o floripondio no es gratuita. Las conocidas propiedades alucinógenas de la planta refieren a los tiempos alterados que se viven. Partiendo de esta realidad paralela nótese, además, el reflejo en las mamparas de una concurrencia misteriosa, solo sombras. Es un obvio guiño al reflejo del rey Felipe IV en Las meninas de Velásquez, es decir, el poder tras lo visible. Una de esas siluetas tiene que ser la del autor de la imagen. Este juega con su duplicidad de la misma manera en que Velásquez —al incluirse en Las meninas— quería decir que él no era solo un artesano, sino un artista. El creador se incluye en su creación con divina arrogancia.

h) Lo cabalístico: la diestra del patriarca muestra cuatro dedos. En el tarot el cuatro es el número del Emperador. En la numerología es la cifra del pragmatismo. Cuatro son los años que faltan para las elecciones. Pero lo más significativo es que fue su cuarto hijo quien lo liberó de la prisión, acción que hizo posible esta foto, lo que establece un borgiano espiral sin fin. La uñas vampíricas parecen ser un tema solucionable con una manicura adecuada.

i) La chispa de la vida: al centro de la imagen, alineado con el floripondio y bajo la figura principal de la foto, aparece un tomacorriente. Alude a la energía manifiesta por la atracción o repulsión entre partículas cargadas. Aunque una lectura más canalla encontraría un mensaje velado, un remember dirigido a una excónyuge. Siempre hay gente mal pensada. Es cuestión de atajarla a tiempo.

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