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02/12/2017 06:08 | Fuente: El Comercio | Categoría: Miscelaneas | Visto: 3

El débil desmentido del presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) a la información publicada por el semanario “Caretas” el jueves no hace sino aumentar las dudas sobre su relación con la empresa First Capital Partners (FCP), que brindó asesoría financiera al consorcio liderado por Odebrecht en la Interoceánica Sur.

El escueto comunicado de la Secretaría de Prensa de la Presidencia señala que “la supuesta presentación de First Capital, fechada el 2008, en la que se consigna al señor Pedro Pablo Kuczynski como ejecutivo de la referida empresa, contiene información que no es cierta”.

La última frase es tan ambigua que deja más interrogantes que las que pretende despejar. ¿Qué parte de la información no es cierta?

La presentación a la que se refiere el comunicado, tomada de la página web de esa empresa, consigna a PPK en primer lugar entre los ejecutivos de First Capital, y a su socio y amigo Gerardo Sepúlveda en segundo lugar.

“Caretas” cita una declaración de PPK en la campaña del 2011 en la que dice que no conoce FCP: “No sé dónde es su oficina, nunca he estado allí”. Parece que la memoria de PPK es frágil para ciertas cosas, porque según la misma publicación, FCP compartía oficina en Miami con otra empresa en la que PPK y Sepúlveda eran socios, Latin American Enterprise Fund (LAEF).

Kuczynski no ha negado su participación en LAEF en sociedad con Sepúlveda, y da la casualidad de que LAEF y FCP no solo compartían oficinas, sino que se presentaban como parte de un grupo, la primera administrando fondos de inversión y la segunda brindando asesoría financiera.

Una línea de disculpa que están ensayando algunos defensores de PPK es que esa es una información antigua, que ya se conocía. Es cierto, muchas de esas cosas se sabían. Pero en el contexto actual, cobran una dimensión diferente.

En primer lugar, ahora se conoce la trama de corrupción Lava Jato, que se ignoraba en ese momento. Uno de los mecanismos usados para sobornar era favorecer a determinadas empresas con contratos aparentemente legales. ¿Es casualidad que la empresa de transportes que figuraba a nombre de los hijos de un poderoso secretario de Palacio de Gobierno fuera beneficiada con contratos de Odebrecht? Muchos creen que no es coincidencia.

Pero algunos de los que no creen en esa coincidencia sí consideran que es un mero accidente que la asesoría financiera exclusiva del proyecto de US$600 millones (así comenzó) de un tramo de la Interoceánica recaiga en FCP, la empresa del socio y amigo de un ex ministro que participó de manera decisiva en la adjudicación.

En segundo lugar, ahora PPK es el presidente de la República, no un ciudadano particular al que podía acusársele de ciertas prácticas cuestionables y nada más. Y es un presidente precario, con baja popularidad y asediado por una oposición agresiva que controla la mayoría absoluta del Congreso.

Esas dos diferencias son sustanciales y hacen que esas informaciones, parte de las cuales se conocían desde hace varios años, adquieran otra relevancia en la actualidad.

A lo cual hay que añadir la declaración de Marcelo Odebrecht del 9 de noviembre –según varias versiones periodísticas– de que PPK prestó asesoría financiera a su empresa cuando dejó de ser ministro de Alejandro Toledo, y se le pagó a través de la Caja 2.

La presión mediática y política sobre el sistema judicial parece estar espoleando a algunos magistrados a avanzar con más velocidad. Un punto fundamental es el avance que permitiría a Jorge Barata convertirse en colaborador eficaz, liberándolo de responsabilidades penales si confiesa lo que sabe.

El otro tema es la investigación abierta a los directivos de las empresas consorciadas que, según el propio Barata, participaban en los sobornos para la adjudicación de obras. De acuerdo a la versión de “La República”, habrían contribuido con tres cuartas partes de la coima que habría recibido Alejandro Toledo.

En síntesis, en los últimos días las investigaciones parecen estar progresando a un ritmo más rápido, pero al mismo tiempo crece la incertidumbre sobre el futuro político del presidente y su gobierno. Si es cierta la versión de CADE de este año, “no más cuerdas separadas”, es decir, si la política y la economía no están incomunicadas y no marchan por distintas vías, el crecimiento del 2018 podría verse afectado por la inestabilidad política.

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