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Captura: 06/03/2018 13:58 | Propiedad: El Comercio | Categoría: Miscelaneas | Visto: 0

Ella estaba en mi auto. Bueno, el auto era de mi pap?. Era pelucona y chistosa. Siempre era chistosa en la calle, nunca en la universidad. La miraba por el espejo y la ve?a sonre?r. Ella se echaba en el asiento de atr?s para leer separatas o escuchar m?sica. Me encantaba verla siempre ah?. Parec?amos familia. Volteaba y le daba picos y ella a m?. Era curioso: la quer?a entra?ablemente como amiga pero me tocaba y me volv?a loco. Ten?a microondas en la piel. Como la est?tica del Vinifan que te paraba los pelitos.

Me ped?a que abriera la ventana. Sus rulos se mov?an con el aire y me encantaba. Me encantaba sacarla a pasear por las calles vac?as de La Molina en esa ?poca. Ten?amos un hueco de tres horas en nuestros horarios. Magn?fica y m?gica coincidencia. Cu?nto le gustaba escaparnos. Creo que se sent?a artista conmigo. Siempre nos cuid?bamos de las amigas suyas que viv?an por ah?. Todas viv?an cerca y nadie deb?a saberlo. Ella era hija de un psiquiatra adinerado. Que yo le gustara era, por lo tanto, un elogio para m?.

Yo era de San Isidro y me sent?a un extranjero en Surco. La gente que vive en Monterrico, Valle Hermoso, Casuarinas o La Molina siempre se queda por all? y los de San Isidro, Barranco y Miraflores siempre nos quedamos por ac?. Ella era de ?por all??, estudiaba en la misma universidad que yo, pero era de otra facultad. Nos conoc?amos desde estudios generales. Nos bes?bamos cuando estudi?bamos un curso com?n en grupo, en casa de una compa?era en la urbanizaci?n Neptuno, frente a la universidad. Nunca hab?amos ido a su propia casa. ?Quiero conocerla?, le dije. Un d?a, ella llam? de un rin y descubri? que todos iban a salir. Me dijo: ?Vamos, pues?. Abandonamos la cafeter?a y yo manejaba con su rostro en mi nuca y cuello. Ella siempre iba atr?s para poder abrazarme.

Convers?bamos; me frotaba el antebrazo, la mano. En ese inolvidable d?a ella se pas? adelante. Me contaba de su abuelita, de su t?o gerente del hip?dromo que estaba con su mam? en casa de una t?a. Ten?amos poco tiempo. ?Quiero olerte?, le dije, ?d?jame olerte?. ?Ac? no, est?s loco?, me dijo. Me volv?a loco, siempre era intenso. He tenido muy malos momentos discutiendo en la universidad con ella, pero afuera nunca. No lo entiendo hasta hoy: era dulce, paciente conmigo. No era la pituca chancona del campus. Era otra persona. Yo siempre era feliz con ella. Creo que me enamor?. Nunca pens? que fuera tan ardiente. Hab?a hecho todos mis c?lculos instintivos y todo arrojaba frigidez. Ella me lo dec?a tambi?n: ?te decepcionar?as?, pero era mentira, total mentira, y es que olvid? un detalle: las mujeres ardientes o son velludas o lunarejas ?es un dicho antiguo? y ella vaya que ten?a lunares.

?Ese es el problema del amor?, dec?a, ?y empieza en la mujer con su idolatraci?n y adulaci?n a un nuevo hombre para que este, a trav?s de su tal?n de Aquiles llamado ego, caiga?. Yo le contest?: ?Pero, tranquila, no eres t?. Es la madre naturaleza a trav?s de ti. Te crea esa mitoman?a de que ?l lo es todo y te copa todos los sentidos y no hay nada m?s que llame tu atenci?n, porque a trav?s de esa actitud el hombre se siente especial y se queda. Pero t? no eres as?. No somos enamorados?.

Descubr? con ella, en tiempo presente, que el amor tiene un primer cap?tulo que es as?, mitol?gico. Y por eso siempre la mujer se desenamora y el hombre se queda enamorado. Porque no fue amor. Fue el periodo de hinchamiento del ego del hombre, de que se sienta importante y eso le gusta. No se puede resistir. Pero entre nosotros no hubo ese problema obligatorio en toda relaci?n. Sab?amos que era un flirt intelectual y no lo forz?bamos.?

Hicimos el amor en su casa ese d?a. Ca? sobre ella y nos abrazamos y nos besamos y quer?a quedarme ah? pero ella me dijo que deb?amos irnos. ?No seas vago, Pedro?. Pero nos fuimos a pasear, a comer, a sonre?r. Hoy m?s que nunca pienso que los recuerdos son como cuadros, canciones, esculturas. Ella no dijo nada, solo me miraba tomando mi rostro. Nunca la volv? a seducir, no quer?a que la gula vaya a aburrirnos. Cada vez que escucho Don?t dream it?s over, me acuerdo de esos paseos. ?Volv? a buscarla? No. Los grandes recuerdos son como obras maestras y las obras maestras nunca se retocan.

M?S DE SOMOS...

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